en tus huellas dactilares el silencio habita

en este espacio quiero compartir con todos mis creaciones literarias, que me vienen acompañado varios años

sábado, 6 de septiembre de 2008

El sapo que se quería pasar de mosca

EL SAPO QUE SE QUERÍA PASAR DE MOSCA

¿Se acuerda usted del sapo que quería ser tan grande como el buey, que tomó tanta agua hasta que estalló? Bueno, este no es el mismo, éste es un sapo más sapo Lo era tanto que quería hacerse el mosca, pero, como dice la expresión popular, le salió el tiro por la culata. Vayamos a nuestra historia sin más preámbulos. Hubo en la selva una fiesta de carnaval sólo para moscas. A esta fiesta los invitados debían ir disfrazados, así que nuestras amigas las moscas prepararon cada una un disfraz más alucinante que el otro. Eran tan bien hechos que realmente uno podía jurar que estaba frente a cualquier otro animal. Si a esto añadimos que el trago de la fiesta era una chichita de jora bien fermentada y recontrafuerte cualquiera podría hacerse pasar por mosca. Un sapo muy pachanguero, seguramente haciendo el mismo razonamiento que yo hice arriba, decide colarse a la fiesta haciéndose pasar por mosca disfrazada de sapo, ya que la fiesta de los sapos se había cancelado y este sapo no tenía intenciones de pasarse un año sin fiesta de carnavales. La estrategia sería muy sencilla pero efectiva: Serían un poco más de las once cuando el ambiente se hubiera armado y la gente estuviera ya lo suficientemente “zampada” como para poder pasar “piola”. El plan no podría fallar. Pero para desgracia de nuestro sapo lo que no podría fallar falló. Llegando a la fiesta encontró un ambiente ya armado y algunos ya estaban un poco mareaditos. Las moscas se estaban jaraneando de lo lindo y la música era muy buena. El ambiente no podía estar mejor. Todo era perfecto, comenzando por los disfraces que las moscas habían tomado meses para confeccionar: Uno juraría que se encontraba delante de todo tipo de animales; leones bailando con pollos, lobos y ovejas tomando juntos chicha de jora, chanchos y abejas conversaban de las buenas piernas que tenían las fintas avestruces. No faltaron los disfraces mitológicos: uno podía encontrarse con Afrodita y Eros conversando en la terraza, o a Adonis y a Dionisio contando chistes sobre militares. De entre los invitados había uno disfrazado de cocodrilo que en plena fiesta se acercó a nuestro sapo y le invitó un trago de un Whisky que tenía guardado. Como el sapo ya había tomado sus buenos vasos de chicha trató de tomar el whisky con cierta cautela, pero estando ya picadito era difícil ser cauto. El cocodrilo tenía un aguante terrible y entre whisky y whisky le preguntó al sapo: “Oye compadre, yo te estuve observando desde que llegaste y no es por nada pero me parece que tu no eres una mosca”. El sapo se palteó un poco pero trató de pasar piola y le dijo: “Es que mi disfraz es bastante bueno, me tomó tres meses confeccionarlo. Además, el tuyo lo es también, se podría decir que tu tampoco eres una mosca”. “Yo puedo reconocer a una mosca con el olfato -le dijo el cocodrilo- y tu no hueles a mosca, sino a sapo”. Nuestro personaje, como buen sapo, le dijo al cocodrilo que esa era la magia de su disfraz, la fragancia de sapo. “Pero tú -preguntando ahora al cocodrilo- ¿serás realmente una mosca? que yo sepa, las moscas no tienen buen olfato”. “¿Por qué dices `las moscas no tienen´ en vez de decir `las moscas no tenemos´? Yo creo que me estás vacilando”. Y al igual que el pez por la boca muere, podríamos decir que nuestro sapo mancó por bocón ya que el cocodrilo, quien tampoco era una mosca sino un verdadero cocodrilo llevó al sapo al jardín y allí se lo devoró de un solo mordisco. Después de engullirlo el cocodrilo dijo “eso te pasa batracio por querer hacerte el mosca” .

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio